Historia del Comercio Exterior : evolución del comercio internacional siglo XX

<<(En el Siglo XX) Las fricciones entre los países capitalistas por la conquista de los mercados hizo inevitable el estallido de la Primera Guerra Mundial, durante cual, debido a que la producción industrial y agrícola pasó a satisfacer las necesidades bélicas y se produjo una reducción de la producción destinada a atender las necesidades de la población, la situación de los países imperialistas en los mercados mundiales de mercancías varió considerablemente. Los países que antes buscaban mercados de venta, comenzaron experimentar las demandas de mercancías cada vez mayor.
Estados Unidos, que no participaba directamente en las acciones militares y que no entró en la guerra hasta 1917, se convirtió en el principal suministrador de mercancías de las potencias beligerantes, lo que le permitió ensanchar de modo ostensible su producción industrial y agrícola, como elevar las ventas al exterior.
Japón, por su parte, aprovechó el debilitamiento de las relaciones económicas de los países europeos con los del Lejano Oriente y extendió su influencia hacia esos países asiáticos, lo que estimuló su producción industrial.
La guerra provocó una gran desorganización y reducción de la circulación internacional de mercancías y se tradujo en cambios apreciables en la estructura del comercio internacional, donde los objetos bélicos, municiones, productos alimenticios y equipos militares ocupaban los primeros puestos.
Después de la Primera Guerra Mundial, en la correlación de fuerzas de los países capitalistas se produjeron notables cambios. El centro de producción industrial se trasladó de Europa a América; Estados Unidos alcanzó la superioridad industrial en tanto Inglaterra conservó el primer lugar con resultado a la extensión de los dominios coloniales y a los volúmenes de inversión en el extranjero.
Estados Unidos comenzó a desplegar una lucha ardua por la conquista de las fuentes de materias primas pertenecientes a los monopolios ingleses y por el desplazamiento de Inglaterra de los mercados mundiales (particularmente de América Latina).
La agudización del problema de los mercados en esta época estaba condicionada también por la ocurrencia de profundas crisis económicas, que imponen importantes irregularidades al crecimiento del comercio internacional. La acción destructora de las crisis económicas mundiales se acentuó en comparación con las crisis de preguerra, tal es el caso de la crisis de 1929 al 1933, que asestó un duro golpe a las economías capitalistas.
Por otro lado, como resultado de la mayor participación de las materias primas en la exportación de los países coloniales, aumentó extraordinariamente la dependencia de sus economías a las oscilaciones de la coyuntura mundial en los distintos mercados de este tipo de producto.
En la circulación mercantil mundial aparecieron mercancías nuevas, cuyo comercio comenzó a crecer de forma considerable y con mayor rapidez que el de las ramas tradicionales (como por ejemplo: la seda artificial; artículos de goma; artículos de las industrias electrónica y química; medios de transporte marítimo, ferroviario, automovilístico y aéreo).
En el periodo entre las dos guerras mundiales, la agudización del problema de los mercados provocó un aumento extraordinario del proteccionismo y la aplicación de nuevos medios agresivos de lucha por los mercados de venta. Al mismo tiempo que se implantaron altos aranceles, se aplicaron nuevas formas de limitación de la importación y se amplió significativamente el arsenal de medios para forzar la exportación. Después de la Segunda Guerra Mundial se producen profundos cambios económicos y políticos que tuvieron una gran incidencia sobre el comercio internacional.
Al final de esta segunda contienda( la Segunda Guerra Mundia), el 52,5 % de la exportación mundial recaía en Estados Unidos y Canadá, con la casi total interrupción de la exportación de Alemania, Italia y Japón y el debilitamiento de las posiciones de Inglaterra y Francia.[1]
En esas condiciones, la competencia entre Estados Unidos e Inglaterra por los mercados de venta, las fuentes de materias primas y las esferas de inversión de capitales adoptó formas mucho más tirantes que antes de la Segunda Guerra Mundial.
La agudización del problema de los mercados fue mayor aún con la formación del campo socialista, que sustrajo a varios países del lugar que hasta ese momento habían ocupado en el mercado capitalista mundial.
Otro factor no menos importante, lo constituyó la profundización de crisis del sistema colonial. La independencia conquistada por toda una serie de países de Asia y África quebrantó los cimientos del dominio colonial inglés y obstaculizó aún más la venta de sus mercancías y la exportación de capitales.
Todo lo anterior redundó en la pérdida de hegemonía de Inglaterra en beneficio de Estados Unidos, que se convirtió en el centro del sistema imperialista.
Sin embargo, a partir de la década del 50 , en el mercado capitalista mundial comenzó a restablecerse con rapidez la competencia de Alemania y Japón, lo que amenazó no sólo la hegemonía económica de Estados Unidos, sino que socavó aún más la posición de Inglaterra y de otros países capitalistas. En consecuencia, la lucha por los mercados se hizo más fuerte, las medidas proteccionistas aumentaron de forma considerable y, en general, se agudizaron las contradicciones interimperialistas.
Estados Unidos, durante este periodo, acrecentó la exportación de capitales, concedió a muchos países créditos y préstamos y utilizó ampliamente las entregas de mercancías de acuerdo con distintos programas gubernamentales, lo que contribuyó a acentuar la dependencia de numerosos países a su economía.
En los años inmediatos a la posguerra proliferaron también mecanismo estatal-monopolistas de regulación y control del comercio exterior, ejemplo de ello fue el refinamiento en el control de esa actividad por parte de los ministerios de comercio y hacienda, por los bancos centrales y los comité interministeriales. Aumentó, asimismo, el rol de las organizaciones estatal con funciones, monopolistas de comercio para toda una serie de mercancías agrícolas y para algunas materias primas (como el monopolio francés del trigo, el Comité del Trigo en Canadá y Australia, la corporación crediticia-mercantil de Estados Unidos, el consorcio agrario italiano, etc.).
Otro rasgo importante que caracterizó al periodo en cuestión, fue el relacionado con el surgimiento de esquemas de integración en los países capitalistas desarrollados, en particular figura la aparición de la Comunidad Económica Europea. A su vez, los países subdesarrollados, marginados nuevamente en sus relaciones con las naciones industrializadas, dieron algunos pasos (en la década del 60) en la proyección y consecución de esquemas propios de cooperación e integración económica, cuyos resultados han sido modestos.
Asociado con los cambios que el progreso científico-técnico y la búsqueda de una mayor competitividad trajeron al panorama económico de esos años, se observó un sustancial esfuerzo de los países subdesarrollados en materia de industrialización, que condujo no sólo a la reducción y en varios casos a la sustitución de determinados tipos de productos manufacturados que antes provenían de las naciones industrializadas, sino también al fortalecimiento de las posiciones de algunos países del llamado Tercer Mundo en la exportación de esos rubros a los mercados internacionales.
Los cambios operados en el entorno internacional también se reflejaron en un auge de las presiones proteccionistas de todo tipo; el instrumento arancelario, regulado por el GATT, pierde importancia ante las formas de proteccionismo no arancelario.
Al finalizar la Ronda Kennedy en 1967, se estableció la necesidad de eliminar los obstáculos no arancelarios, objetivo que seis años después la Ronda Tokio señaló como prioritario. Las barreras no arancelarias llegaron a constituir un elemento de alteración de los patrones de comercio internacional aún más importantes que los altos aranceles y las restricciones cuantitativas, fenómeno al que se le denominó «neoproteccionismo».
En las últimas décadas del siglo XX, gran parte del volumen y del crecimiento del comercio puede atribuirse a los países industrializados, concentración que no obedece, solamente, a los sustanciales volúmenes de producción y a la superior productividad del trabajo de que disfrutan, ni siquiera al mayor peso específico de las manufacturas en sus venías sino, y es lo que particularmente interesa, al relevante rol que desempeña en sus economías la variable tecnológica.>>
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